|
" Descalza y por el empedrao"
Cuando bajé por la colina, descalza y por el empedrao... Se me calcinaron los pie, aunque corrí apresurao. Oí desde el pueblo, el sonido de tu guitarra, ¡Dios! Como si me estuviese llamando. El corazón era un potro, que se me había adelantado. Y los cabellos agitaos al viento. Ya se me habían enmarañao. Brincando junto conmigo, iba mi perro asustao. ¿Que le pasa a mi patroncita? ¡Que hasta se olvidó el calzao! Mis polleras eran veinte mariposas. Que a mi compás se iban aleteando. Mi blusa con el sudó, al cuerpo se me había pegado. Junto al río te encontré con tus ojos desorbitaos. No quitabas ellos de mi blusa, gitano dulce ¡Embobao! Caí rendida a tus pie ¡Exhausta y muerta de amor! ¡Al fin! Te había encontrao, presidiario de mi cárcel de amó. Tus manos seguían rasgando Aranjuéz... como en el tablao. Pero ahora ¡Solo para mi! Con las cuerdas tiritando. Mira mi guitarra mujer ¡Eres tú! Y a ella duermo abrazado. Aprieto su fina cintura y sueño que te estoy sujetando. Así nos fuimos caminando, en silencio y acurrucandono. Buscando el agua del río, que apagara nuestra sed y refrescara mis pies descalzos. Después... después... ¡No se bien lo que pasó! Pero en mi pelo ya no había flo. En mi cintura dos manos que junto a tu cuerpo me asió. La guitarra a un costado, y pegada a mi oido tu voz varonil me susurró: ¡Gracias al cielo por haberte encontrado! Y dejarte envolver por mi pasión. ¡Es realidad! ¡No lo soñamos! Ni tú ni yo! Se hizo corta la noche ¡Que pronto que amaneció! Subiremos muy juntos al poblado. Buscando una iglesia y a Dios. Para sellar con juramento, este portento de amor. Con sangre de nuestras propias venas. ¡Firmaremos así los do!
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario